LA INDUSTRIA DE LA MENTIRA
- Carlos Jose Santos Frias
- octubre 20, 2025
- Economia, Noticias, Ultimas Noticias
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Hay un negocio más rentable que el narcotráfico y más eficaz que muchas campañas políticas: la mentira. Sí, leyó bien. Hoy la mentira se vende, se alquila y se usa como arma. Tiene precio, operadores… y, sobre todo, clientes.
El presidente de Indotel, Guido Gómez Mazara, lo dijo sin rodeos: existe una industria de la mentira que se utiliza para chantajear, intimidar y extorsionar. Y lo más preocupante es que ya no hablamos de cadenas de WhatsApp, sino de operaciones de precisión para manipular decisiones, destruir reputaciones o doblegar voluntades.
Esto no es un fenómeno aislado. Es parte de un ecosistema que prefiere controlar el relato antes que construirlo, que paga por silenciar en lugar de convencer y que confunde influencia con liderazgo. Porque cuando la mentira se convierte en herramienta de poder, el que tiene dinero compra la narrativa… y el que no, queda a su merced.
La mentira no informa. Gobierna.
Y el algoritmo ayuda. Las redes sociales no premian la verdad; premian la atención. El escándalo viaja ligero; la evidencia llega tarde. La indignación genera clics; los clics compran alcance; el alcance compra relatos. El algoritmo no opina: calcula.
Ese negocio existe porque alguien paga y alguien cede. Sin financista no hay fábrica de mentira: culpa compartida. Y quien acepta el chantaje, también.
Ahora bien, el gobierno ha propuesto actualizar las leyes y crear un órgano que regule este caos. Suena razonable, pero ojo: si la mentira es peligrosa, la censura puede ser peor. Regular sí; jamás con censura previa ni licencias para opinar. Proteger el debate no es administrarlo. Y nuestra Constitución lo prohíbe.
La salida no es solo legal, es cultural. Necesitamos ciudadanos que duden, que piensen, que no compartan basura digital como si repartieran verdades. Y necesitamos una clase política capaz de entender lo esencial: el poder no se sostiene comprando relatos, sino mereciéndolos.
Porque, al final, lo que llamamos “industria de la mentira” es el síntoma de algo más profundo: un sistema que aprendió a sustituir visión por ruido, ideas por campañas y proyectos por etiquetas virales.
Así que sí, hay una industria de la mentira. Pero más peligroso que ella es un país que deja de preguntarse —cada vez que aparece una— quién se beneficia.